Nada es lo que parece y nada parece lo que es. Así podría definirse el trabajo del fotógrafo Chema Madoz. Con originalidad y sencillez el autor es todo un experto en el engaño. En sus fotografías, una castañuela abierta puede ser una ostra; un ataúd, un reloj antiguo de pared y un auriculares transformarse en unos bonitos pendientes
Ocultos entre la cotidianeidad surgen nuevos mundos. Nuevas dimensiones que de la mano de la metáfora alteran la percepción de la realidad más inmediata. Así una escalera apoyada en un espejo sugiere la entrada en un nuevo universo, incita a la reflexión, a la curiosidad, a ver más allá de lo que simplemente percibimos a través de los ojos. Consigue llevar al espectador a un lugar más allá de la realidad.
Sus fotografías tratan con la más absoluta sencillez de impregnar la mente del que observa con múltiples visiones de un mismo objeto. Similitudes que nos reafirman en aquello de que “las apariencias engañan”. El absurdo, la paradoja, el humor -por qué no la greguería- se dan cita en el estudio del fotógrafo. El planteamiento inicial es sencillo: un objeto cualquiera fotografiado. Pero el resultado va mucho más allá, juega a la ilusión óptica e incitan a la divagación.
El trabajar en blanco y negro dota a sus fotografías de intemporalidad, algo que encaja a la perfección con la visión del fotógrafo y su personalísima reconstrucción de la realidad.




